El 11 de Marzo, el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner resolvió elevar las retenciones a las exportaciones de soja a un 44%.-
Inmediatamente las centrales que aglutinan a los productores agropecuarios elevaron sus voces y llamaron a un paro con cortes de ruta en todo el país.-
Esta situación de cortes de ruta coincidió con el feriado de semana santa que se alargaba un día más este año por coincidir su finalización con el Día de la Memoria.-
Esto provocó incidentes en las rutas argentinas, sobre todo para volver a las ciudades desde las que los viajeros de fin de semana provenían, y lógicamente paralizó en gran medida el transporte de substancias alimenticias en todo el territorio.-
En seguida, antes de comenzar el fin de semana largo, desde todos los medios de comunicación se venía marcando que el desabastecimiento estaba a la vuelta de la esquina y se bajaba el mensaje de que el gobierno estaba atentando contra el más pingüe negocio de la Argentina, fuente de la mayor parte del ingreso Nacional y Fiscal.-
La Presidenta, inteligentemente se llamó a silencio en El Calafate y dejó que las circunstancias transcurran, tal vez para calmar un poco lo ánimos, pero lo cierto es que estos no se calmaron, fueron azuzados constantemente desde la prensa, sobre todo televisiva que mostraba como inminente el desenlace violento de las circunstancias.-
Pasado el fin de semana, particularmente largo, la gente retornó a las ciudades con mil y un trastornos. En horas de la tarde del martes, la Presidenta, en ocasión de un acto en Casa de Gobierno, y encontrándose presentes algunos gobernadores que habían sido nombrados como negociadores con el sector agropecuario por los medios de comunicación, no solo expresó que las retenciones no bajarían, sino que lo hizo en unos términos y de un modo que a muchos les generó urticaria, inmediatamente reaccionaron y se encendió la polémica.-
Debemos hacer una reflexión sobre las palabras de la Presidenta, que más abajo reproducimos. Esta reflexión es en modo alguno una crítica a las mismas, creo firmemente que la Presidenta dijo lo que tenía que decir y lo que cabía decir en estas circunstancias si queremos hablar sinceramente, por ahí no estuvo muy acertada en la estética de su mensaje, pero ya conocemos a Cristina Kirchner y la hemos votado conociéndola, y esta es su estética, por lo cual, como primera reflexión, del modo que lo dijo, no debe asombrarse nadie. En segundo lugar, cabe un análisis acerca de lo que dijo, de este surgen varias cuestiones, en primer lugar es cierto que todos los productores no son iguales, pero también es cierto que la realidad que pretenden exponer no es la que dicen, y lo que la Primera Mandataria expresa es bastante real.-
El Asunto del Campo
Desde hace algunos años en la argentina hay un negocio por sobre todos los demás, un negocio que es parte de nuestras tradiciones, que formó parte activa en la formación de nuestra cultura e idiosincrasia, el negocio agropecuario.-
Ahora bien, porque es que solo desde algunos años este negocio se volvió tan próspero?
En primer orden uno debe hacer algo de memoria, y remontarse unos años, a la década de los años 90, cuando el menemato impuso la misma teoría económica de Martinez de Hoz, esta vez bajo la dirección de Domingo Cavallo, en ese marco de dólar barato, un peso un dólar, la producción agropecuaria en la Argentina se vio sumida en la miseria, se dejaron de explotar los campos, los pocos agricultores verdaderos, esos que viven efectivamente en sus campos y trabajan de sol a sol, fueron las primeras víctimas de esas políticas 300.000 de ellos se quedaron sin tierras ni trabajo, tan víctimas como lo fueron los trabajadores industriales que vieron cerrar sus fuentes de trabajo o los argentinos todos que nos sumergimos en el marasmo del uno a uno, viviendo una realidad ficticia, un caso auténtico de disociación psicótica, aunque nunca haya sido visto en estos términos.-
Luego del menemato vino De La Rúa y su tropicana, haciendo estallar lo que quedaba de la Argentina, que a esas alturas era particularmente poco.-
Con la medida de confiscar los depósitos bancarios tocó la víscera más sensible de la clase media y provocó el cacerolazo y la caída del desgobierno de la Alianza.-
Luego vino la semana de 5 Presidente, Rodríguez Saa, Duhalde y con él la salida de la convertibilidad y el dólar a tres pesos, también se licuaron las deudas de las empresas y de las diferencias de cambio de las mismas y del salvataje a los Bancos ladrones nos hicimos cargo todos en la Argentina.-
La primera consecuencia que trajo la devaluación, fue que de la noche a la mañana, el negocio del campo recobró una competitividad que no tenía antes.-
Pero el problema era que los propietarios de campos estaban endeudados hasta la médula y no teniendo acceso al crédito no podían encarar la producción de Soja, que se mostraba en ese momento como una tabla de salvación capaz de curar cualquier mal. Aparecieron entonces los pooles de siembra, es decir, en última instancia, los mismos grandes empresarios y banqueros que se habían robado el dinero meses antes, ahora lo traían para financiar la implantación de Soja en cuanto campo encontraran a mano, además de ser quienes financiaban la implantación, también montaron empresas agropecuarias que se encargaban de proveer los insumos y los servicios para el cultivo, y realizar el acopio del cereal y su exportación. Con todo esto, estas empresas, alquilaron cuanto campo pudieron encontrar y dándole un porcentaje ínfimo al hasta ese momento, arruinado propietario de la tierra sembraron soja hasta en las macetas.-
Un Negocio Redondo…!!!
Como las ganancias eran enormes, el Estado en aquel momento decidió imponer una política de retenciones a las exportaciones de soja como forma de redistribuir los enormes ingresos que tenia el sector agropecuario entre todos los argentinos que pagábamos por su rentabilidad.-
Y como es que pagábamos por la rentabilidad del Agro?
Muy sencillo, el campo es negocio si se dan una serie de factores, por un lado un alto valor de una producción agrícola en particular en los mercados internacionales, variable que no controlamos, por el otro una paridad cambiaria en la que la moneda en que se cobran las exportaciones valga mucho en pesos, para con pocos dólares tener muchos pesos, bien sencillo. También se debe tomar en cuenta que hoy por hoy, son necesarios una serie de productos, agroquímicos y venenos, sobre todo, que son importados y que deben estar subsidiados en su ingreso al país a fin de no elevar los costos, otro insumo que debe tener un valor bajo es el gasoil, porque sin él el campo no puede moverse ni la producción transportarse, máxime en un país como el nuestro en el que prácticamente todo se mueve por camión, gracias a la destrucción de nuestra red ferroviaria en los 90.-
A todas estas condiciones las creó el gobierno, por un lado mantuvo un tipo de cambio alto, ficticiamente, comprando permanentemente dólares a fin de que el precio de la moneda estadounidense no bajara, cuando la realidad de los números dice que como máximo debe costar dos pesos, subsidiando al gasoil, no con venta de gasoil barato directamente, sino manteniendo el precio del mismo bajo, a pesar de que cuando el buen negocio comenzó el barril de crudo valía 27 dólares y hoy vale 111, pero el precio del combustible no ha variado, también se subsidio la importación de agroquímicos y con esto generó las condiciones ideales para el desarrollo del sector agro exportador.
Todas esas condiciones se crearon con el dinero de los argentinos, por un lado con el dinero que se recauda vía impuestos y por otro con los retrasos en las escalas salariales.-
Como era lógico, luego de unos años, que permitieron que los propietarios de tierras pagaran sus deudas, y sanearan sus economías, mediante el cobro de arrendamientos de sus campos, el gobierno decidió que había que redistribuir mejor los ingresos del agro y corregir ciertas desviaciones en el sector, como medida para lograr esto estableció que las retenciones a las exportaciones de soja debían ser del 44%.-
Pero, a quien afectan con esta medida?
Con las retenciones en el 44% más impuestos y el precio del cereal en los niveles actuales, lo que sucederá, es que los porcentajes que los pooles de siembra pagan como arrendamiento de los campos ya no serán suficientes para mantener un nivel de vida al que en los últimos años se habían acostumbrados los propietarios de la tierra.-
Ahora bien, a los productores agropecuarios, que los hay, a los que tienen hasta mil hectáreas, estas medidas si bien le mermaran los ingresos, esta merma no será catastrófica ya que si ellos trabajan sus campos y no tienen que compartir la cosecha con el proveedor de agroquímicos, ni con el de semillas ni con el arrendador, ni con el ingeniero agrónomo, entonces lo que les queda es una cifra con la que muchos argentinos, la mayoría, solo sueña tener anualmente y con la que nadie puede decir que una familia pueda vivir indignamente.-
Con todo esto, los verdaderos afectados son aquellos que no quieren trabajar sus tierras, por un lado, porque se han convertido en parásitos agrícolas arrendando sus tierras a los pooles, y en segundo lugar a los propios pooles de siembra, es decir, la Oligarquía Agraria tradicional que verá mermada sus ganancias.-
Pero para entender mejor lo que está pasando, reproducimos más abajo un artículo publicado en www.desruralypoliticas.com.ar por Por Alberto J. Lapolla y acercado a la Red por el amigo Piriqui, desde mi querido Chaco.-
Retenciones, piquete garca, la FAA en mala compañía,
las mentiras de Huergo y el modelo agropecuario
Por Alberto J. Lapolla - 15-03-08
*Artículo publicado en www.desruralypoliticas.com.ar
¿Retenciones, control estatal de las exportaciones (monopolio de la Junta Nacional de Granos) o reino del 'mercado'?
La actitud de los señores dueños de la tierra de la Argentina no deja de sorprender por su reiterada e inveterada audacia en la defensa de sus bolsillos, con una hipocresía digna de los mejores falsarios de la historia.
El aumento gradual de las retenciones y en particular las correspondientes a la soja ha disparado a la 'lucha' a la sempiterna anti solidaria oligarquía terrateniente nacida en nuestro país.
La acompaña una vez más la desorientada Federación Agraria Argentina, que hace años no se atreve a separase de los oligarcas y hacer un planteo digno de reclamo de tierras, de límites a la extensión de los latifundios, de cese y recuperación de las enormes cantidades de tierras extranjerizadas y de cambio general de la política agropecuaria. Durante el largo ciclo de la convertibilidad y de la expansión de la sojización, la FAA miró para otro lado, dejando hacer al 'mercado' y al modelo neoliberal que se cargó casi 300.000 productores pequeños y medianos, la mayoría de ellos afiliados a ella.
Hace apenas poco tiempo se atrevió a cuestionar los lineamientos de la Argentina sojera pergeñada por Henry Kissinger, el grupo Perriaux, la SRA, AAPRESID, Cargill, Monsanto, Dreyfus, la FAUBA, Clarín Rural, Urquía y demás demiurgos de la recolonización nacional. De tal manera, el tránsito de la Argentina industrial tecnológica y científica existente entre 1945 a 1989, a la Argentina factoría agro-exportadora actual, contó -luego de la Marcha Federal de 1994- con la mirada complaciente de la FAA.
Esta política permitió la devastación de los pequeños y medianos productores y el tránsito de una producción centrada en el desarrollo de alimentos en gran cantidad y de gran calidad, hacia un 'campo' que produce forraje barato –'pasto soja'- para vender a China, India y la UE subsidiando de tal forma la industrialización de estos países a costa de nuestra producción lechera, ganadera, porcina, frutal, hortícola, ovina y regional. Se repite el modelo de siempre en el campo, donde la SRA -la vieja oligarquía terrateniente- se opone a cualquier control por parte del Estado de su tasa de ganancia lograda a costa del esfuerzo de toda la nación y en particular, mediante el monopolio absoluto de la renta agraria por su dominio total sobre las tierras existentes en la nación.
Lo reiteramos una vez más, oligarquía terrateniente implica por ejemplo que 6900 propietarios (familias, empresas o empresas-familias) sean dueñas del 49.7 % de la superficie cultivable y productiva del país, o que según el Censo Agropecuario de 2002, 936 terratenientes poseen 35.515.000 Has (casi toda la superficie en cultivo), un promedio de 38.000 has c/u. Por el contrario 137.021 agricultores poseen sólo 2.288.000 has, con un promedio de 16.7 has c/u. (2)(pag158).
En 1966 poseíamos más de 600.000 productores agropecuarios, hoy sólo restan 330.000, de tal forma la oligarquía terrateniente recuperó con creces las tierras que Perón había obligado a venderles a los chacareros arrendatarios a través del 1º y 2º Plan Quinquenal.
En lugar de enfrentar a la SRA y CARBAP, denunciando la concentración y brutal extranjerización de la tierra, unidas a la destrucción de un modelo soberano de producción de alimentos y su reemplazo por un modelo factoría productor de forrajes baratos para la exportación, la Federación Agraria Argentina se une a los terratenientes y multinacionales granarias que se adueñan hoy de la renta agraria en lucha contra las retenciones. Renta con la que, conviene recordar, junto a la petrolera, el peronismo industrializó la nación entre 1945 y 1955. Por supuesto que las retenciones son sólo una medida frente a la necesidad de articular un Plan Nacional de Desarrollo Agropecuario, que debe obligatoriamente incluir la restitución de las Juntas Nacionales de Granos y de Carnes, la nacionalización del comercio exterior en ambos rubros, políticas que permitan el acceso democrático, barato y con créditos de largo aliento a la tierra para volver a tener cientos de miles de productores, repoblar el país y reconstruir la soberanía alimentaria y las economías regionales.
También deben estar acompañadas de subsidios, políticas de reforestación de la superficie devastada por la sojización, de políticas de saneamiento de áreas infectadas por millones de litros de agrotóxicos y transgénicos, y de devolución de las cientos de miles de hectáreas robadas a los pueblos originarios en las últimas décadas. La correcta política de retenciones graduales –primera medida seria tomada contra la sojización-, se debe acompañar también de créditos y subsidios amplios para las actividades afectadas por el monocultivo sojero, tales como la lechería, la ganadería, la horticultura, la fruticultura, la forestación y demás actividades afectadas. Pero sin duda alguna –pese a los gritos exasperados del lobby monsantiano, cargilliano y terrateniente-, es una mejora neta respecto de la política seguida hasta ahora y por supuesto mucho mejor, que 'dejar todo al sector privado' como proponen los dueños de la tierra, desde siempre, apoyados por Macri, Carrió, López Murphy, el menemismo, el cavallismo y el delasotismo.
Salir de la sojización
Pero tal vez, el dato más importante de las medidas anunciadas por el Ministro Losteau se refieran a que por primera vez desde la legalización ilegal de la soja RR en 1995, el gobierno ha decidido tomar medidas que desalientan la expansión del monocultivo de soja transgénica forrajera.
Pero en el tema de la sojización por primera vez desde 1995, se adopta una medida que desalienta el avance descontrolado del pequeño -y devastador- poroto. Esto es así pese a los previsibles gritos policíacos del Ing Héctor Huergo que, en un ejercicio extraño del pensamiento económico y agronómico, nos amenaza con que el abandono de la 'sojización' nos devolvería a la 'edad media'. El descaro de los demiurgos de la colonización cultural –a su vez empleados de Monsanto y Kissinger- no tiene límites.
Una medida como el aumento diferencial de las retenciones –reclamada por quien esto escribe durante varios años- no sólo no nos devuelve a la 'edad media', sino que por el contrario, nos alejaría de la 'edad media' en que nos sumiera la desindustrialización y el retorno a la nación agro-exportadora. Es decir exactamente al revés de lo que Huergo vomita desde Clarín Rural. El aumento diferencial de las retenciones –a falta de nacionalización del comercio exterior de granos- permite disponer de fondos para alentar otras actividades económicas, tales como la reindustrialización del país u otras actividades agropecuarias que requieren de mayor valor agregado, mayor aporte de capital y utilizan mayor cantidad de mano de obra. Por el contrario como ya explicáramos reiteradamente en otros artículos, impulsar la sojización depreda la mano de obra y la pequeña y mediana producción, además de devastar al ecosistema y a la salud humana.
Lo reiteramos una vez más: el sistema de la SD-sojaRR-herbicida glifosato, destruye 4 de cada 5 puestos de trabajo existentes y sólo crea un puesto de trabajo cada 500-600 has, siendo sólo viables y autosuficientes para este sistema, las explotaciones que superan las 500 has según la región agroecológica. Por el contrario la economía familiar genera 35 puestos de trabajo genuinos por cada 100has. Pero el gobierno debe saber que salir de la sojización implica antes que nada, redistribuir la tierra y repoblar el territorio nacional devastado por el pequeño poroto.
En el colmo del descaro y la desinformación agronómica se dice: ”le explico si me permite(...) las vacas no hacen fotosíntesis (sic!!) una hectárea de maíz con la tecnología actual produce 10.000 kilos de grano. Un novillo encerrado en un corral convierte 7 kilos de maíz en uno de carne. Por lo tanto una hectárea de maíz da 1500 kilos de carne.”(1). ¿Y la sojización, amigo Huergo donde está? El viejo método goebbelliano de ”miente, miente, miente, que algo quedará” sigue siendo el arma preferida del poder multinacional.
Esto es en parte cierto para el maíz, pero no para la soja que se exporta toda (99% de la producción) sin ningún otro agregado que el hacerla aceite o harina y casi sin producir un solo kilo de carne, como sí hacen Brasil (segundo productor mundial de carne) o Chile (en este caso con la soja que nos compra). De allí que las retenciones diferenciadas planteadas por Lousteau, estimulen al maíz y al trigo en contra de la soja, pero esto afecta a Monsanto-Cargill y por supuesto a las comisiones que cobran sus propagandistas y agentes.
En segundo lugar, la carne que hacíamos 'criada a campo' (la 'edad media' para Huergo) era sin dudas la mejor carne del mundo ya que el animal se criaba en libertad, elegía lo que quería comer, se movía y se criaba naturalmente, produciendo un tipo especial de carne que nos caracteriza en el mundo. Hoy, en un planeta acorralado por la crisis ambiental global, esa carne tiene un valor agregado extra. Si decidiéramos un plan nacional de producción de carne de primera calidad en praderas, recuperaríamos nuestro lugar en el mercado mundial, obteniendo grandes beneficios económicos, sociales y ecológicos.
La ganadería genera muchos más puesto de trabajo que la devastación sojera y muchos más aun, si se estimulara el surgimiento de un gran número de pequeños productores. Por otra parte, lo que Huergo llama 'novillo a corral' es el famoso feed-lot o 'corral de engorde' que, a diferencia del animal criado en pradera produce carne chatarra o carne basura. Carne repleta de antibióticos, hormonas, reguladores de crecimiento, agrotóxicos de todo tipo, etc., etc. Sabrá Huergo ¿que la Argentina, no sólo es la primera en el mundo en muertes de tránsito –debido en primer lugar a la destrucción ferroviaria sin cuya desaparición no habría sido posible la sojización- sino también es en la actualidad, el país con mayor tasa de cáncer en su población? ¿No se le habrá ocurrido al señor Huergo pensar que tamaña tragedia tiene algo que ver con la terrible contaminación por agrotóxicos que ha provocado la sojización y su consecuencia directa el feed-lot?.
Este proceso afecta lo que respiramos, lo que bebemos y lo que comemos. Claro, es probable que este último argumento suene demasiado complejo para la lógica 'simple' de la 'mayor tasa de ganancia en el menor tiempo y con cualquier costo ambiental y social –total no lo pagamos-' que utiliza nuestra sempiterna parasitaria y estéril oligarquía terrateniente. Pese a lo que dice Huergo, la soja no sólo no crea pueblos sino que los devasta y los liquida, como puede verse en las miles de taperas que pueblan hoy nuestro campo y los más de 1200 pueblos abandonados.
No sólo no nos saca de la edad media, sino que nos devuelve a ella como lo prueban las actuales inundaciones de Salta y Jujuy –y las anteriores de Salta y Santa Fe y las que vendrán-consecuencia directa de la deforestación y la Siembra Directa.
La “pobreza” del “campo” de ellos.
Por último, de ¿qué paro del campo hablamos?. En todo el país sólo restan 330.000 explotaciones, las que sólo emplean a 310.000 trabajadores en blanco que ganan alrededor de 1200$ mensuales, mientras hay algo más de 700.000 trabajadores en negro que viven miserablemente y trabajan sólo un período del año gracias al 'poroto mágico'.
Ambos sectores prácticamente se han visto imposibilitados de defender sus derechos ante el achicamiento descomunal de las fuentes de trabajo que ha producido la sojización y la numerosa destrucción de establecimientos que la acompañaron. El nivel de ingresos del sector que ejerce el control sobre la propiedad de la tierra y por ende de la producción, es escandaloso y como siempre suntuario. Ya en la campaña 2004-2005 los propietarios de la región pampeana, en el centro del proceso de la sojización, recibieron en concepto de Renta Terrateniente o renta de la tierra por el arrendamiento de las mejores tierras del mundo, la suma de algo más de 3.000.000.000 de U$S, más de 10.000 millones de pesos. (2)
Es decir una masa sideral de dinero sin invertir ni arriesgar un solo peso. En la actualidad esas cifras son mucho mayores, ya que hoy una hectárea en la zona sojizada de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe o Entre Ríos se vende a razón de entre 15.000 a 20.000 USS y se arrienda -para hacer soja- a razón de 20 Quintales la Ha, es decir unos 600 U$S/ha. (3)
Para dar un ejemplo, sólo por arrendar 300 has el propietario recibe un ingreso parásito (sin invertir ni arriesgar un solo peso) de 180.000 U$S o unos 570.000 pesos por ciclo sojero. Esa descomunal masa de dinero, imposible de obtener en cualquier otra actividad productiva -y ese es el diseño multinacional para paralizar nuestra reindustrialización- no se destina a mano de obra, ni inversiones productivas, a excepción de algunas cosechadoras o maquinarias importadas de altísimo costo y muchas veces renovadas innecesariamente, sólo por poseer la máquina '0 km'.
Sí se invierte, en varias camionetas 4x4 por familia (hasta 6-7 en algunas), en casas suntuarias, en edificios de renta y en 'gatos finos' que ahora hacen su aparición en las localidades de la cuenca sojera, para beneplácito de los productores.
Por el contrario los capataces son echados, indemnizados y transformados en contratistas cuentapropistas con lo cual el terrateniente dispone de las labores sin arriesgar un solo peso, sin incluir costo social alguno y sin tener que poseer un parque de herramientas de alto costo y nivel de mantenimiento, que lo obligaría a tener mano de obra permanente. Sí a eso se suma que la mayoría no paga impuestos o lo hace por actividad ganadera y no agrícola, con tasas irrisorias de impuesto inmobiliario, y que las multinacionales exportadoras pagan impuestos en función de declaración jurada, se comprenderá que la sojización deja muy poca riqueza real, valor agregado productivo en la sociedad argentina. A su vez los trabajadores rurales son echados sin indemnización y contratados en negro cuando se los necesita, muy poco tiempo por cierto. El hecho que las dos terceras partes de los trabajadores vinculados a la sojización trabajen en negro, tiene que ver a su vez con las necesidades un negocio que evade impuestos o se realiza mayoritariamente en negro.(4)
De allí la necesidad casi imperiosa para la economía nacional, de apropiarse de esa renta suntuaria e ilegítima en beneficio de la nación. ¿Qué hará el gobierno con esa renta?, es otra discusión, que no afecta el valor macroeconómico de la medida tomada. Como vemos, poco ha cambiado en la relación de la nación con la vieja oligarquía terrateniente, ahora asociada a algunos pools empresarios. Ella sigue allí y tan poderosa como siempre, pese a que la señora Carrió y algunos medios interesados -y asociados a ella- digan que ya no existe. La oligarquía una vez más, usa su poder económico contra el pueblo y la nación, reclamando quedarse con la totalidad de los precios internacionales para sus productos en el mercado interno, lo que supone, y ellos lo saben, el hambre para el pueblo y la castración de la nación, como lo hizo siempre. Sigue siendo como señalara el maestro Hernández Arregui, que para la SRA, 'esa clase estéril e infecunda, siempre que el pueblo comió, vio demagogia.'
1.- Huergo Héctor Clarín Rural, 15-3-08
2- Pengue Walter, Agricultura Industrial y Transnacionalización en América Latina. Red de Formación Ambiental. México 2005
3.- Clarín Rural 15-3-08, pag28
4.- Zaiat Alfredo, Página 12, 15-3-08
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